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sábado, 20 de junio de 2009

La literatura en soportes digitales, o cómo llorar sobre un disco duro

Lo digital como asunto cotidiano



Hay una serie de términos que, a fuerza de usarlos o escucharlos a diario, se nos han vuelto cotidianos, cercanos, casi inofensivos. Pero si prestamos atención, esos términos no han perdido en lo absoluto su críptico misterio, su amenazante incertidumbre: virtual, digital, electrónico... son algunos de los adjetivos que conforman esa jerga que acompaña un número importante de gestiones e intercambios de diversa índole que realizamos en nuestro diario trajinar. Depositar dinero en nuestra cuenta bancaria, hacer una transferencia a otra cuenta, pagar los servicios y hasta hacer trámites gubernamentales, son sólo algunos de ellos. De hecho, lo "virtual" tiene unas cuantas décadas entre nosotros, sólo que es ahora que ha invadido nuestra cotidianidad con la avasallante fuerza de un ejército de ocupación.

Si nos detenemos a pensar, nuestro dinero en el banco, por ejemplo, no es nuestro dinero en el banco. Es decir, no es un conjunto físico de billetes que almacenamos en la caja fuerte de una impoluta y confiable institución. Es, más precisamente, una cifra asignada a un número de cuenta, almacenada a través de series encriptadas compuestas unicamente de ceros y unos, que las instituciones bancarias utilizan para realizar complejas operaciones financieras y bursátiles, y que seguirá allí mientras los sofisticados sistemas electrónicos de nuestro banco se sigan comportando como los expertos esperan que lo hagan. Si nos permitiésemos fantasear por un instante en un inexplicable misterio (como aquel temido apocalipsis llamado Y2K) que sin razón aparente evapore o altere esas cifras que viajan en códigos binarios y se almacenan en gigantescos servidores, nos daríamos una idea del significado del término "virtual".

Lo que quiero significar, es que esos términos que, bien visto, entrañan retorcidas e intimidantes abstracciones, han estado conviviendo con nosotros desde hace mucho tiempo. Claro, que hará cosa de una década que el universo digital se ha convertido en parte integral de nuestras vidas, cambiando nuestra percepción de la realidad circundante, y modelando nuevos hábitos en nuestra vida cotidiana. Han sido tan súbitos y tan radicales esos cambios, que sólo un notable poder de adaptación ha hecho posible que una persona que haya vivido gran parte del siglo que dejamos atrás, se haya tenido que acostumbrar al funcionamiento del telegrama, para tener que asimilarse luego a ese prodigio inconcebible en su momento que fue el fax, y de ahí al asombroso correo electrónico y, más instantáneo aún, al mensaje de texto (conocido también por sus siglas SMS). Ya se ha dicho hasta el cansancio: la capacidad de adaptación marcará la diferencia entre lo que sobrevive y lo que perece. Ese axioma, aplicado al mundo de las comunicaciones, no podría ser más gráfico.

Daniel Pradilla, editor de la revista electrónica Panfletonegro.com y consultor en el área de automatización industrial, comentó en una ocasión que cuando alguien envía por primera vez un mensaje de texto, no sabe que con ese acto, en aparencia intrascendente, genera un cambio radical en su vida y, más específico aún, en su forma de comunicarse con el mundo. Un telegrama de 120 caracteres que llega directo al receptor, y que este pueda responder instantáneamente, sin intermediarios y a un costo insignificante. Cien años de evolución comunicacional, condensados en ese trivial acto. Un hecho de enorme significado, oculto entre la avalancha de acciones cotidianas.

Ya se ha dicho y no parece exagerado: la imprenta de Gutenberg, el telégrafo de Morse y la web inventada por el británico Tim Berners Lee, son los tres hitos fundamentales de la historia de la comunicación. Los dos primeros pertenecen a la historia. Con respecto al tercero, estamos asistiendo a su proceso de evolución, y todavía se desconoce a dónde nos conducirá.

Hace 10 o 12 años nadie conocía internet. De hecho, hace 10 o 12 años mucha gente no tenía acceso a una computadora casera para realizar sus labores cotidianas. Más aún, hace 10 o 12 años mucha gente no justificaba la existencia de una computadora en su casa. Y es que con internet vendrían cambios importantes en nuestra cotidianidad. Todo ese valioso material informativo y privado que atesoramos en nuestras cuentas de correo, en sitios públicos como spaces, blogs, páginas webs y servidores de fotos, audios y videos (es decir, gran parte de nuestra identidad y universo privado), así como nuestras listas de contactos de comunidades virtuales, todo reposa en algún lugar desconocido por nosotros, en un remoto confín de la geografía terrestre. Para acceder a todo esa información que celosa y cuidadosamente atesoramos, apenas poseemos una dirección virtual y una clave de acceso. Nada más. Fuera de eso, un oscuro limbo nos separa de ella. Como con el ejemplo del banco, sólo un acto de fe nos permite dormir en paz con la tesis, el trabajo de grado, la novela recién terminada o las únicas fotos de la abuelita ya fallecida, a miles de kilómetros de nosotros, en una ubicación desconocida. Este acto de fe se hace más evidente cuando esos documentos vitales se almacenan en servicios por los que no pagamos ni un centavo.

En adelante, conscientes de ello, debemos acostumbrarnos a que mucha de nuestra información vital no reposa ni siquiera en un disco duro doméstico, sino que debemos agregar la incertidumbre de no tener idea de en qué punto de la tierra se encuentra almacenada físicamente (si es que el término tiene cabida) nuestra data. Muy probablemente la única conclusión indiscutible para un gran número de personas es que la vida actual sin internet sería muy difícil de llevar, al menos haciendo las cosas que se hacen en la actualidad.

Ahora bien, ¿Por qué no la literatura?

Hay gente que se empeña en que la literatura, y las artes en general, carguen con el triste sino de pertenecer a ese género de actividades humanas marcadas por un romanticismo insólito, ubicadas en un sitio al que no le llega el polvo, la pobreza de la vida ni el cochino dinero. Sólo eso explicaría la actitud de algunas personas (incluso, lo que se constituye en un hecho más grave, de algunos intelectuales) cuando pretenden sustraer a la literatura del tiempo que a ellos les tocó vivir, para mantenerla en una edad de la historia grabada en sepia.

Es, por ejemplo, el caso de José Saramago. No queda claro si fue por oportunismo o por cursilería, pero lo cierto es que, consultado acerca de ese gastado tema sobre si el libro impreso sería suplantado por el e-book, cerró filas en torno a una causa perdida y lanzó aquella ahora famosa frase de: "Yo no podría llorar sobre un disco duro". Luego de esta tajante afirmación, valdría la pena preguntarse si una sonata de Bethoveen pierde algo de su belleza porque se escuche en un Ipod, o una foto deja de ser artística porque se registre con una cámara digital. No son pocos los cineastas que están recurriendo a la estrategia de "filmar" sus películas en video, para luego pasar la edición final al formato de cine, por un pragmático asunto de costos. Es el caso de Secuestro Express, por ejemplo, que se grabó totalmente en formato digital y se pasó a formato de cine luego de haber quedado satisfechos con la edición final, ahorrándose metros y metros de una cinta sumamente costosa. El cine, ellos lo saben muy bien, es el contenido, no el material. Así como saben que uno de los pecados del artista, del escritor, es volverse reaccionario, porque si no ha alcanzado la época en la que vive, ¿cómo podría interpretarla? ¿Cómo podría convertirse en la vanguardia del pensamiento de su época? Porque una cosa es dificultad de adaptarse a nuevos medios (cosa, por demás, comprensible) y otra cosa muy distinta es el desdén y el rechazo a los formatos que formarán parte, cada vez con mayor presencia, de la realidad cotidiana.

Por otra parte, si somos capaces de confiar documentos importantes a aparatos para los cuales estos documentos no son más que data que se mantiene en un líquido amniótico de dígitos sujetos electromagnéticamente a dispositivos que requieren de corriente eléctrica para ser leídos, ¿Por qué tanto prurito para que la literatura goce de los beneficios que ofrecen los actuales medios para difundirse con mayor eficiencia? Si tanto se habla de lo deshumanizado de estos tiempos, ¿Por qué no ponerle un poco de humanidad a los contenidos que circulan en la red, a fin de aprovechar su inmensa estructura?

Podría jurar que he leído pésimos libros impresos sobre genuina e inequívoca celulosa; lo que me lleva a concluir, una vez más, que la literatura no es el medio, y que tanto fanatismo purista sólo está logrando que aquella pierda una valiosa oportunidad para llegarle a nuevos lectores. Lectores que hay que irlos a buscar precisamente frente a los monitores de cientos de miles de computadoras regadas por el mundo. Y en momentos en que los códigos comunicacionales en boga (las mangas japonesas, la cultura de los mensajes de texto y del chat, las nuevas estéticas de los videoclips) demuestran su cabal capacidad para adaptarse al momento de la historia que les toca vivir.

Programas de radio y entrevistas que se bajan como podcasts, RSS que envían el último capítulo de una novela, recitales poéticos que se filman y se suben a youtube, haikus y microcuentos que se envían a través de mensajes SMS, constituyen sólo algunas pocas entre las infinitas posibilidades de aprovechamiento de los soportes y los medios actuales para transmitir, registrar y compartir ideas que susciten emociones. Que a fin de cuentas, es eso lo que aspira la literatura; en una remota época lo hacía en papiros, luego en papel, y ahora también grabada en medios digitales como libros electrónicos, ipods y teléfonos celulares con video. ¿Qué nos deparará el futuro respecto a ese tema? Vale decir, a manera de estribillo, que la capacidad de adaptación marcará la diferencia entre lo que sobrevive y lo que se anquilosa. Es la única certeza de la que disponemos.

De hecho, el término literatura digital, que usamos con frecuencia, ya contribuye a generar confusión en el asunto, ya que el mismo es esquivo e impreciso. El término sugiere algo así como el soporte en que fue escrito el guión de la película Matrix, o las obras de algunos connotados autores de ciencia ficción, así hayan escrito hace ya unas cuantas décadas. El término, hay que dejarlo claro, es inexacto. No existe literatura digital; existe literatura a secas. El soporte es el digital, y eso con el tiempo será transparente a efectos de los lectores. Porque en ese caso, ¿cómo decirle a la literatura impresa en tinta sobre papel? ¿Literatura impresa?

La literatura que se vale de internet y de los medios digitales para difundirse están allí. Con sus ventajas y, por supuesto, sus desventajas. Y están allí desde hace algunas años, con experiencias realmente enriquecedoras, respetadas y consultadas (legitimadas) por lectores e investigadores. Rompiendo el estigma de la legendaria brevedad que acompaña a muchos proyectos editoriales literarios (el sindrome del número único). Rozando (o pasándola de largo) la década, están Letralia y Ficción Breve Venezolana, en nuestro país; Ciudad Seva y el proyecto Sherezade, en otros países de la región, por nombrar sólo agunos. E incluso, se dan casos interesantes de revistas de sólido prestigio en el mundo del papel, que no pudieron obviar el formato digital, como les ocurrió a las emblemáticas Letras Libres y The New Yorker, por mencionar dos sólidos colosos en el mundo del papel.

Vale acotar que, alcanzar este punto en el que las revistas en formato digital adquieran respetabilidad, y las revistas impresas abrieran sus sucursales digitales, supuso un interesante cambio de paradigmas en la evolución de la cultura de las comunicaciones. Supuso que estos editores pioneros comenzaran a ganarse el respeto de los lectores. Un respeto labrado en base a la seriedad y la mística con la que ejercieron su oficio. De hecho, esos pioneros que comenzaron a producir contenidos para la red fueron responsables de crear un nuevo tipo de lector: el lector de hipervínculos. Un lector que aprendió a digerir nuevos códigos y formas más complejas de recibir la información que, durante muchísimo tiempo, conservó un mismo formato y una misma y única forma de leer: la lectura lineal.
En adelante, la aventura de leer supuso adentrarse en novedosas abstracciones. Supuso arborizarse en la medida en que se leía. Cada palabra podía sugerir nuevas acepciones, nuevos temas. No lo sabíamos, pero nos acercábamos a algo más natural, más parecido a nuestras conversaciones cotidianas: cada palabra usada iba adquiriendo potenciales nuevos matices, nuevos significados. Cada nuevo dato aportado sugería nuevos caminos. En adelante, sería el lector el que decidiría cuánto significado le agregaría a cada lectura, qué tanta carga tendría cada palabra. Y la lectura dejaría de ser lineal para ser un espacio tridimensional, como el pensamiento mismo.

Otra de las indudables deudas que tiene la sociedad con estos nuevos soportes, y esto quizá es lo más relevante desde el punto de vista cultural, lo constituye el hecho de que los ciudadanos han podido prescindir de los grandes intermediarios para producir (y recibir) información, comunicarse entre sí y desarrollarse en comunidades arborizadas y ubicuas (como aquella famosa esfera cuyo centro estaba en todas partes y cuya circunferencia en ninguna).
En adelante, gracias a ese revolucionario invento que democratizó la generación de contenidos, llamado blogs, cualquier persona que dispusiese de una comexión a la red y de una computadora, podía convertirse en un generador de contenido, en un medio de difusión de ideas y en una fuente de noticias. No conforme con ello, la visibilidad adquirida y la capacidad de convertirse en interlocutor de sus lectores, le daría un mayor conocimiento de las percepciones comunes de la realidad circundante, que a los viejos editores del mundo del papel, que no reciben el feed back de sus contenidos con la misma velocidad que aquellos.

Los blogs son, sin duda alguna, el soporte más democrático que se haya inventado hasta el momento. Con la facilidad con la que se crea una cuenta de correo, el blog permite la instantánea creación de un periódico para cada quién, y al alcance de todos. Un caso digno de estudi, que demuestra con claridad el alcance del fenómeno, lo constituye el blog Generación Y, de la bloguera cubana Yoani Sánchez. Escrito desde adentro, con un tono que más que de oposición frontal es de desencanto, Sánchez escribe sus comentarios sobre la realidad circundante en la isla, con un brillante sentido del humor y una concisa claridad, lo que le ha valido, no sólo el haber obtenido el Premio Ortega y Gasset 2008 de Periodismo digital, sino que, previo a eso, haberse convertido en un titán periodístico con cerca de millón y medio de visitas dirante el mes de marzo de este año, y post que alcanzan los cientos de comentarios, a favor y en contra de la psoción de la autora. ¿Podrán muchos medios con muchos más recursos jactarse de esas cifras? Y todo esto, apenas con una conexión a internet y una computadora (radicales favor abstenerse de sospechar la mano de la CIA en este asunto).

Y así como ese caso, existen muchos otros interesantes proyectos que, con mucha creatividad y una muy personal visión de la vida, nos llevan a mareavillosas interpretaciones de la vida cotidiana. Está el caso del archifamoso blog venezolano Archivos abandonados, cuyo éxito de lectores se deb a una fórmula sencilla, pero sumamente original: el autor visita cybercafés y copia las fotos que la gente deja abandonadas para luego, con un humor cáustico e irreverente, las publica acompañados de comentarios que van desde frases lapidarias hasta interpretaciones del contenido de las fotos. "Fotografías y otros archivos encontrados en computadoras de los cybercafés que visito. Abandonados por desconocidos imprudentes o conscientemente impúdicos. ¿Es esto legal? ¿Es esto moral? Lo dudo. Pero es divertido", es el explicación que, a manera de presentación, coloca el bloguero en el encabezado de su visitado blog. El comentario más común entre los que visitan el blog por primera vez es: ¿Por qué no se me ocurrió a mí?

Blogs colectivos: las nuevas revistas literarias

Ante las innegables facilidades que ofrece el blog, entre las que se pueden destacar que no se requiere saber de programación para manejar una poderosa herramienta con base de datos, o que no se debe saber de diseño gráfico para acceder y modificar las decenas de plantillas de las que se dispone, el mundo literario se ha lanzado a fundar las revistas literarias de estos tiempos. En Venezuela, diversas experiencias colectivas (aún jóvenes) se han asentado en la red, con ese propósito. Ejemplos de ellos son los colectivos El apéndice de Pablo (cada número es un blog distinto), la Revista El Salmón y Los Hermanos Chang. A ellos, suerte y constancia.
Esos entusiastas editores nacientes de seguro desconocen el largo camino que se ha andado para llegar hasta sus sitios. Desde aquellos diskettes con el número de turno que distribuían por correo ordinario los pioneros de la revista Axxon, el notable desarrollo que han adquirido esos medios no puede (y, de hecho, no lo está siendo) desaprovechado por las nuevas geenraciones, para crear contenido literario en los soportes en que sus congéneres están leyendo, usando las herramientas que permiten difundir las ideas de estos tiempos. Ya el tiempo se encargará de descubrir qué queda de todo esto. Pero está ahí, y a despecho de las afirmaciones de algunos, en el mundo de hoy se está escribiendo y leyendo mucho. Ya eso es una ganancia.



Héctor Torres. La literatura en soportes digitales, o cómo llorar sobre un disco duro [En línea] Fecha de publicación: 28/04/09
http://www.elportalvoz.com/index.php?option=com_content&view=article&id=396:la-literatura-en-soportes-digitales-o-como-llorar-sobre-un-disco-duro&catid=12:de-profundis&Itemid=105
[Fecha de consulta: 20/06/09]

martes, 26 de mayo de 2009

Interead COOL-ER, el nuevo libro electrónico de color

No, no es un lector de libros electrónicos con pantalla a todo color como el Fujitsu FLEPia. Este Interead COOL-ER es sencillamente un dispositivo para leer libros electrónicos normal y corriente, sólo que con ocho colores de carcasa diferentes para elegir. Una estrategia para seducir a la vista al potencial cliente junto a su diseño tipo iPod. Porque, tanto su forma de petaca con bordes redondeados, como su rueda de navegación recuerdan mucho a los reproductores de bolsillo de Apple.
Una vez encajado su atractivo visual, la verdad es que el aparato no se diferencia mucho de cualquier lector de libros electrónicos estándar. Su pantalla es de seis pulgadas y emplea la conocida tecnología de
tinta electrónica, que en este modelo es capaz de representar ocho niveles de profundidad de gris. Para manejarlo dispone de la citada rueda de navegación y algunos controles laterales.

Tampoco es especialmente versátil en lo que a formatos se refiere. Para leer libros se sirve sobre todo de archivos PDF y EPUB, aunque también es compatible con los TXT. Puede mostrar fotografías en JPEG, aunque lógicamente sólo en blanco y negro. Si queremos ambientar la lectura podemos reproducir música en MP3. Precisamente incluye un adaptador estándar para auriculares de 3,5 milímetros, ya que la salida de audio nativa del aparato es la más infrecuente de 2,5 milímetros.
Posee un gigabyte de almacenamiento interno, que sin ser la panacea tampoco está mal. De todos modos, su memoria se puede expandir mediante tarjetas tipo
Secure Digital, siempre y cuando éstas no superen los cuatro gigabytes de capacidad.

Carece por completo de características que lo hagan más especial, como pantalla táctil, conexión inalámbrica Wi-Fi o teclado completo QWERTY. Sin embargo, su peso de sólo 178 gramos y su ajustado precio de 225 euros (en comparación con otros lectores de ebooks) pueden dar un buen resultado. Se podrá adquirir desde la página web de Interead a partir de junio. La compañía también ha puesto en marcha un catálogo online para descargar libros electrónicos, con precios para todos los gustos.

XataKa. Interead Cool-er, el nuevo libro electrónico de color. [En línea] Fecha de publicación: 26/05/09
http://www.tuexperto.com/2009/05/26/interead-cool-er-el-lector-de-libros-electronicos-se-tine-de-color/
[Fecha de consulta: 26/05/09]

viernes, 22 de mayo de 2009

Un teléfono celular que sirve como lector de libros electrónicos


Móvil y lector

El Toshiba Biblio es un teléfono celular que además sirve como lector de libros electrónicos. Tiene una pantalla de 3,5 pulgadas con una resolución de 480 por 960 píxeles. Viene con memoria de 7 GB, soporte de Wi-Fi, navegador Opera, sintonizador de TV y cámara de fotos de 5 megapíxeles. Como curiosidad, su teclado tipo slider varía dependiendo de si se usa en horizontal, donde se mostrará como un teclado QWERTY completo, o vertical. Por ahora sólo estará disponible en tierras asiáticas.

Llama y filma

Hitachi Hi-Vision Cam Wooo ya es oficial y se convierte así en un teléfono preparado para grabar video a 720p. Cuenta con una cámara de fotos de 5 megapíxeles con un zoom óptico de 3 aumentos, además de autoenfoque y estabilizador de imagen. Incorpora salida HDMI y ofrece una pantalla de 3 pulgadas con una resolución de 854 por 480 píxeles. Por ahora este teléfono-cámara se pondrá a la venta sólo en Japón.

Tres dimensiones

Fujitsu SpaceExplorer 3D es el nombre de un nuevo mouse para navegar en tres dimensiones. Cuenta con 15 botones programables, dos de ellos ajustables, así como con microsensores que hacen que sus movimientos sean más precisos y teclas de navegación rápida. Ya está a la venta en Europa con un precio bastante alto: 300 euros. Funciona con Windows Vista o XP.

Juegos
Terminator Salvation

Terminator Salvation, un juego diseñado sobre la base de la película homónima, comenzó a venderse días atrás en Estados Unidos en versiones para PC y consolas PlayStation 3 y Xbox 360.Desarrollado por GRIN para Equity Games Production, este nuevo título de acción -que en breve llegará a la Argentina- ofrece mucha fidelidad al argumento de la película, aunque permite cambiar el final de la historia.En cuanto al armamento -un punto clave para los amantes de la acción-, sus desarrolladores prometen que tendrá bastante más que la película.

Doble clic

Laboratorio fotográfico"PhotoFiltre" es el nombre de una completa herramienta de edición gráfica que sorprende por su amplía selección de utilidades y filtros. Se trata de una aplicación ideal para dar un retoque a las fotografías, mejorar su iluminación o colores, incorporarles textos o marcos, realizar operaciones básicas de edición como rotación y recorte, o hacer uso de todo tipo de filtros especiales. De éstos últimos, incluye una enorme selección, clasificados en categorías: artísticos, visuales, deformación, efectos de foto vieja, mosaicos, puzzles, bordes, texturas, efectos de blur y muchos, muchos más. Incluso posee una práctica herramienta de clonación, ideal para retoques y montajes fotográficos de calidad.

Quilmes Presente. Un teléfono celular que sirve como lector de libros electrónicos. [En línea] Fecha de publicación: 22/05/09
[Fecha de consulta: 22/05/09]

martes, 19 de mayo de 2009

La tinta digital

La historia sucedió en uno de tantos salones preparatorianos de una escuela privada.

La escena que relataré sucedió en uno de tantos salones preparatorianos de una escuela privada de nuestra ciudad, la maestra terminó su clase de español y apuntó la tarea en el pizarrón. Los alumnos debían realizar una pequeña investigación sobre cierto autor latinoamericano mencionado en la clase que estaba por terminar.

Sólo quedaba guardar cuadernos y cerrar mochilas para salir corriendo al escuchar el timbre, pero nada de eso ocurrió. Los alumnos teclearon rápidamente el nombre del personaje literario en sus pantallas de iPod; y en un dos por tres ya tenían frente a ellos una breve biografía, listado de reconocimientos que recibió en vida, fragmentos de su obra y hasta fotos de la infancia. La tarea estaba terminada, sólo faltaba llegar a casa para conectar el aparato e imprimir.

Por supuesto que la maestra cambió de técnica desde ese momento, y sus tareas implicaban mucho más que mover algunos botones.... Pero eso ya no me corresponde contar. Hace algunos años esta escena era imposible (sólo existente en novelas de ciencia ficción), el día de hoy es real y parte de una revolución tecnológica que en varias páginas de Internet ha sido calificada como “los libros digitales” o “la tinta digital”.

No es secreto que cada día es más alto el costo ecológico que pagamos por la producción en masa de libros. Una de las soluciones que ha tenido éxito, es la lectura ya no a través del delicioso olor del papel y del cambio de páginas, sino utilizando una pantalla (hoy no necesariamente de la computadora).

Las opciones son variadas: desde el celular, el iPod y otros aparatos más especializados para la “lectura electrónica” (es el caso del er), desarrollado y a punto de ser lanzado por la empresa alemana Wizpac Ltd).

Erika Marcela Zepeda Montañez. La tinta digital. [En línea] Fecha de publicación: 9/05/09
http://www.informador.com.mx/suplementos/2009/101741/6/la-tinta-digital.htm
[Fecha de consulta: 19/05/09]

lunes, 18 de mayo de 2009

un libro electronico que imita al papiro



Un libro electrónico que imita al papiro

Juliana Boersner

Uno de los puntos que va más en contra de las publicaciones digitales es, justamente, el soporte de las mismas. Al principio era el tema de las pantallas y la manera en la que afectaban a los ojos; después, el soporte mismo y lo difícil que podía resultar trasladar el equipo para leer los libros. Eso, al lado de la capacidad para almacenar los documentos, hace que la popularidad de los libros electrónicos o e-books no sea la que se había previsto en un momento, y que la mayoría de las personas siguan prefiriendo el formato en papel.

En otra entrada podríamos conversar acerca de las bondades del soporte electrónico, pero hoy quisiera traer una curiosidad que me lleva a pensar en que, ante el fracaso de algunos prototipos anteriores, una de las estrategias de los diseñadores de estos gadgets sea justamente retomar los orígenes de lo que fue el libro al ser inventado.

Al menos eso es lo que parece buscar el
Cellular Book, diseñado por Telecom Italia y Polymer Vision. Los primeros lo comercializarán en Italia y los segundos en el resto del mundo.
Se trata de un equipo, prácticamente del tamaño de un teléfono celular, que despliega una pantalla lateral sobre la que se desliza el texto tal como si estuviéramos leyendo un papiro o rollo antiguo. Esta especie de scroll, a medio paso entre la rueda del mouse de la computadora y el botón del teclado del teléfono móvil, puede ser interesante. No sé cómo manejarán el tema de la accesibilidad en términos de tamaño de la fuente, ni qué tan práctico sea como para consultar y leer textos largos pero, en principio, resulta interesante el diseño y la aparente flexibilidad.

Juliana Boesner. Un libro electrónico que imita al papiro. [En línea] Fecha de publicación: 17/05/07
http://www.papelenblanco.com/libro-digital/un-libro-electronico-que-imita-al-papiro
[Fecha de consulta: 18/05/09]

sábado, 16 de mayo de 2009

LIBRO ELECTRÓNICO

Si Gutenberg levantara la cabeza se pasaría al libro electrónico

NÚMERO ESPECIAL. NO ES SÓLO QUE AMAZON PRESENTE SU TERCER KINDLE O QUE YA HAYA VENDIDO MÁS DE UN MILLÓN DE 'E-BOOKS'; EN SEIS AÑOS SERÁ EL 50% DEL MERCADO EDITORIAL. LLEGA PARA QUEDARSE: SEPA CÓMO VAMOS A LEER EN LOS PRÓXIMOS AÑOS

Hace sólo tres meses, Amazon lanzó en Estados Unidos la segunda versión de su lector de libros electrónicos, Kindle. Aunque no se vende fuera el nombre suena también a este lado del Atlántico. Se ha convertido, después de todo, en el primer paso de un profundo cambio en un sector que permanecía casi inmutable desde que Gutenberg inventara la imprenta de tipos móviles.
Kindle tiene el tamaño de un libro de bolsillo, un grosor inferior al de un móvil y una pantalla de tinta electrónica. A diferencia de los ordenadores, esta tinta electrónica no cansa la vista. Cuando se muestra una página de texto cuesta creer que no está impresa con tinta real.

Amazon no ha comunicado el número total de Kindles vendidos desde la primera versión en noviembre de 2007 -podría estar cerca del millón-, pero en la última presentación de resultados han confesado que han «superado sus expectativas». Kindle no fue el primer dispositivo de tinta electrónica, pero su combinación con un servicio de descarga inalámbrica de libros y una biblioteca de más de 275.000 títulos lo convierten en el contrincante más serio, hasta el momento, del tradicional de papel. Ahora, en las novelas disponibles en ambos formatos dentro de la popular tienda virtual, la versión digital es el 34% de las ventas.

La semana pasada Amazon anunció un paso más: un Kindle dotado de una pantalla de mayor tamaño, 9,7 pulgadas en lugar de las seis del anterior. Kindle DX está enfocado a libros de texto y periódicos y debutará en varias universidades estadounidenses en otoño. El 'New York Times', el 'Boston Globe' y el 'Washington Post' lo usarán también para llegar a los lectores que no pueden recibir su edición de papel. Es un rayo de esperanza, sobre todo para los periódicos, que aún buscan la forma de sobrevivir en la era de la web. El lector electrónico descarga de forma automática las mismas noticias de la edición impresa durante la noche y puede mostrarlas en pantalla con diferentes diseños y distribuciones.

Mientras, en España, el libro electrónico ha dejado de ser un desconocido. «En 2008 el perfil era el del 'early adopter' (apasionados de la tecnología), pero estamos llegando al mercado del cliente residencial y el de los grandes lectores», comenta Juan González de la Cámara, fundador y director general de Grammata, que comercializa Papyre. El año pasado en nuestro país se vendieron unos 7.000 lectores, pero este año la compañía cree que el número podría aumentar hasta las 40.000 unidades, en parte gracias a los esfuerzos de los distribuidores por llevar el libro electrónico a las grandes superficies. En la actualidad se distribuyen en nuestro país siete lectores de tinta electrónica diferentes, con rangos de precio entre 300 y 600 euros.

El volumen es aún pequeño, pero en el foro 'E-book y edición digital: hacia una nueva cadena de valor del contenido', celebrado en Madrid la semana pasada, los responsables de la industria resumieron las posibilidades de crecimiento del mercado del libro electrónico en sólo dos datos: hoy, los 'e-books' suponen menos del 1% del mercado editorial. En 2015, podría llegar a ser el 50%. Al de papel le quedan aún muchos defensores -y tendrá asegurada su supervivencia, aunque sea como objeto de coleccionismo-, pero el libro electrónico convence al usuario por varias ventajas, entre ellas el peso, la posibilidad de cambiar y adaptar la fuente de la pantalla y el precio, ya que las ediciones electrónicas, por lo general, se mantienen por debajo de los 10 euros -a cambio, el usuario debe desembolsar como mínimo 300 euros para hacerse con un lector digital-.

El único freno para su implantación es la inercia de la propia industria, volcada en el modelo de negocio tradicional. «Las librerías lo ven como una amenaza, no venden libros electrónicos y las editoriales no publican sus obras en versión digital», señala González de la Cámara. Mientras que en el catálogo de Amazon o en tiendas similares promovidas por otras compañías, como Sony, los libros se cuentan por cientos de miles, en España, el usuario tiene que rebuscar en la Red para encontrar algo con lo que llenar el lector. Cervantes Virtual o Google Reader proveen de obras clásicas cuyos derechos de autor han vencido, pero pocas editoriales se atreven a vender a sus grandes autores contemporáneos en formato digital.

CARMEN BALCELLS. La única gran excepción, por ahora, ha sido la editora Carmen Balcells, responsable de las obras de Juan Marsé, Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa, entre otros. Desde el pasado mes de febrero, sus títulos están disponibles a través del portal Leer-e a un precio inferior a cinco euros. En defensa de los rezagados hay que decir que el mercado del libro electrónico adolece aún de la falta de estándares. Hay cerca de 24 formatos diferentes de publicación, desde el TXT al HTML pasando por el PDF, y aunque se ha intentado apostar por un tipo de archivo abierto y común, un «mp3 de los libros», las grandes compañías como Amazon o So ny a menudo prefieren ir por libre o favorecer sus formatos propietarios. Digitalizar el catálogo de una editorial y organizar los libros para la distribución no es una tarea sencilla y requiere de una inversión importante. Y muchas están esperando a que pase el temporal de la crisis y a que la demanda madure, antes de lanzarse al mercado del 'e-book'.

Resistirse a entrar en esta nueva forma de distribución, sin embargo, puede ser un gran error a medio plazo. Javier Celaya, fundador de Dosdoce.com, cree que cuanto más tarden los editores y libreros en incorporarse al negocio del libro electrónico más les costará desprenderse de la piratería y el intrusismo.
Es un problema que ya empiezan a notar algunas compañías. Las redes P2P se llenan con manuales y 'best sellers', conseguidos a partir de una edición digital o escaneados por los propios usuarios. David Young, presidente de Hachette Book Group, señala que se trata de un problema exponencial y que se convertirá en un quebradero de cabeza para las editoriales.
Al igual que ha ocurrido con las discográficas y la industria cinematográfica, la digitalización facilita la distribución a través de canales no autorizados y como en el caso de la música y el cine, la digitalización trae una completa reestructuración del negocio y un cambio en el equilibrio de poder. Dentro de 10 años seguirán existiendo autores y lectores, es la conexión entre estos dos elementos la que se empieza a ensayar ahora, sin papel y sin tinta.

DOS MODELOS. Amazon renovó hace tres meses el Kindle, el lector de libros electrónicos que presentó en 2007. Hace una semana presentó una versión con una pantalla mayor con la que tratará de acercarse a la universidad y que podría servir como sustituto del papel en los periódicos.LIBROS. El modelo pensado para la lectura de libros tiene una pantalla de seis pulgadas y acceso permanente al catálogo mediante una conexión inalámbrica. El coste de la transferencia de datos está incluido en el precio del dispositivo -263 euros al cambio- y los libros cuestan unos siete euros.

CAMBIOS. Los vendedores de dispositivos reconocen que las editoriales aún no se han decidido a entrar con fuerza en el sector y que para las librerías supondrá un cambio radical.

CRECIMIENTO. En nuestro país, los libros electrónicos representan sólo el 1% del mercado editorial. En 2015 esa cifra podría llegar al 50%. En 2008 se vendieron 7.000 lectores.

PERIÓDICOS. Dx es la versión de 9,6 pulgadas de Kindle. Son similares, pero Dx puede mostrar archivos PDF en pantalla e incluye un sensor capaz de girar la pantalla si se pone el libro en formato apaisado. Cuesta al cambio unos 359 euros e incluye la conexión permanente al catálogo de Amazon.

Ángel Jiménez de Luís. Libro electrónico. [En línea] Fecha de publicación: 16/05/09

jueves, 14 de mayo de 2009

El futuro del libro ya está aquí

El empresario cree que el 'e-book' contribuirá a extender la lectura

¿El futuro de los libros?' Ignacio Latasa, empresario navarro y director de Leer-e, se preguntó ayer en Logroño sobre las posibilidades del libro electrónico en una conferencia en el Espacio Fundación Caja Rioja-Santos Ochoa. «El futuro del libro ya está aquí», afirmó.
- ¿Por qué antes no y ahora sí es el momento del libro electrónico?
- Básicamente por la tinta electrónica. Los intentos que ha habido durante veinte años no habían conseguido superar la resolución del papel y la tinta tradicional. Eran pantallas de luz que no daban calidad. Pero ahora sí. La tinta electrónica es la clave.

- ¿Influye la mayor implantación social de Internet y las nuevas tecnologías?
- Sí, la gente se ha familiarizado con la tecnología, con Internet y las descargas.

- ¿Nos vamos despidiendo de los libros impresos tradicionales?
- No es para tanto. Van a convivir bastante tiempo. El mundo editorial es muy amplio.

- ¿El precio de los lectores electrónicos es su principal pega?
- El precio y la todavía escasa oferta de contenidos.

- ¿Cuántos títulos hay disponibles en español?
- Unos diez mil.

- ¿Cómo afectará a los editores?
- Va a reducir costes y ampliará su mercado.

- Peor les irá a los libreros, ¿no?
- Su postura es más delicada. Deberán cambiar su idea de negocio y potenciar las librerías como centros de conocimiento. No deben tener miedo, sólo ser capaces de adaptarse.

- ¿Cambiará el modo de escribir o la relación con la literatura?
- Eso ya está pasando con Internet. Van a surgir nuevos tipos de literatura por las grandes posibilidades de Internet y de la informática. Y va a permitir publicar a más autores que hasta ahora no llegaban a las editoriales.

- ¿Qué pasará con los lectores? ¿Contribuirá el libro electrónico a extender el hábito de la lectura?
- Yo creo que sí. Pero es como todo, depende de la educación de cada uno, de cómo lleguemos a los libros.

- ¿Cuántos dispositivos cree que funcionan actualmente en España?
- Entre seis y siete mil. Sólo somos dos empresas en España y nosotros vendemos la mitad.

- ¿Cuáles comercializan ustedes?
- Comenzamos con iLiad, que es un lector espectacular. Lo mejor que existe en la tecnología, pero excesivamente caro. Por eso ya hemos puesto a la venta tanto el Cybook como el V3. El Cybook es un lector de varios formatos con soporte para e-books Mobipocket, muy bien presentado y a un precio razonable (a 350 euros y 450 euros). El V3 es una alternativa completísima y de gran facilidad de manejo por sólo 300 euros.

Ignacio Latasa. El futuro del libro ya está aquí. [En línea] Fecha de publicación: 13/05/09
[Fecha de consulta: 14/05/09]

lunes, 11 de mayo de 2009

La revolucion digital desafia a Gutemberg

Primero fue la música, luego el cine y ahora le llega el turno a la literatura. ¿Qué será de ella cuando finalmente arribe el i-Pod de los libros? Ni los especialistas se aclaran, pero lo cierto es que la red y los nuevos soportes digitales ya están haciendo temblar a la Bastilla de la letra impresa.
Los papiros reinaron durante 12 siglos, muchos más de los que lleva el papel y muchísimos más que la imprenta moderna. Pero en la actualidad el único rastro que queda de ellos son las páginas web que imitan su rudimentario mecanismo. Se leen de arriba a abajo y se desenrollan con el ratón. La casi perfecta tecnología del libro -a excepción del impacto medioambiental del uso masivo del papel y sus dificultades de almacenamiento- parece hoy imbatible, pero ¿qué sucederá cuando los dispositivos e-Books consigan emular todas sus prestaciones?
Tras la conquista de la música y el cine, la revolución digital se dispone a tomar por asalto la Bastilla de la letra impresa. A pesar del escaso éxito de los actuales libros electrónicos como Kindle (Amazon) o Reader (Sony) los nuevos soportes digitales no se detienen y el avance de Internet está resquebrajando los cimientos de la edición en papel. Bibliotecas virtuales, blogs, redes sociales y buscadores, con su circulación fluida de textos, no sólo alteran la noción misma de autoría -con las implicaciones legales que trae aparejada-, sino que modifican radicalmente nuestra forma de leer y escribir. El futuro del libro es un interrogante incluso para aquellos que asisten en primera línea a esta transformación.


«Cuando las editoriales ganen más dinero en la impresión electrónica que el la tradicional, como ya está empezando a suceder, el papel será una rémora o un capricho» vaticina Dídac Martínez, director del Servei de Bibliotecas i Docuemtació de la UPC.
Martínez es uno de los 16 especialistas, entre editores, sociólogos, escritores y expertos en el universo digital que participarán la semana próxima del debate Gutenberg tras la red, organizado por la Fnac Triangle. Su posición dista mucho de la de un editor independiente como Luis Solano. «En el ámbito literario el libro seguirá siendo analógico» dice el director de Libros del Asteroide. Aunque reconoce «las funcionalidades interesantísimas» del libro electrónico en el ámbito «profesional» Solano las considera «prácticamente superfluas para el lector de ocio y entretenimiento».En esa línea se apunta el editor de Impedimenta, Enrique Redel.


Para que un nuevo gadget «pueda convivir con el libro tradicional entre los lectores no profesionales», dice Redel, «es obligatorio que ofrezca algo más y que sea atractivo». Cosa que de momento no sucede.

«El libro corre el peligro de quedar como soporte preferido de los no lectores» opina Marius Serra, con sólo echar un vistazo a las listas de más vendidos. Pero en todo caso, «convivirá con textos distribuidos por otros canales» profetiza el autor de Verbàlia. Y también por la convivencia entre los dos formatos apuesta Santos Palazzi, responsable de Mass Market de Planeta.«El e-Book bajará de precio hasta situarse en la línea del mp3 y las ediciones digitales podrán descargarse como hoy hacemos con las canciones y las películas» aventura Palazzi.

En todo caso, «las funciones de los editores serán las mismas», asegura el Directivo, «seleccionar, corregir, editar y promocionar los títulos» destinados a la publicación digital.
En lo que todos coinciden es el rechazo al actual canon digital. «Este modelo de propiedad intelectual se ha quedado obsoleto ante el proceso de digitalización de la cultura», arremete el investigador Juan Freire. «¿Qué sentido tiene hablar de propiedad intelectual en un medio virtualizado que requiere una autoría líquida?», se pregunta el blogger Pablo Muñoz, autor del sitio El rincón de Alvy Singer, quien se ha convertido en toda una autoridad en la materia con apenas 19 años. En esa línea también encontramos a Pablo Odell, editor digital del portal Tökland.«La legislación vigente es predigital y no tiene en cuenta la naturaleza fluida, replicante y transfronteriza», señala, de la propiedad intelectual en el nuevo medio.
Lo cierto es que hasta la lectura y la escritura se ven alteradas en la era virtual. La primera «es ya hipertextual y multimedia», resume Didac Martínez, porque el autor recurre no sólo a otros textos, sino a imágenes y sonido. Y la lectura, además de «interactiva», se vuelve «fragmentada en átomos de información». ¿Supone esto una nueva forma narrativa? Nadie lo sabe, ni siquiera cómo serán los libros en 2018.


Cuatro días para el debate

Cultura digital y sociedad. El impacto social de los nuevos soportes y el acceso libre al conocimiento a través de la red centra la discusión de la primera mesa redonda del día 21 de enero, en la que participan Juan Freire, Luis Collado y Chema García.
Los editores frente a la 'web'. Los retos que supone al sector editorial la digitalización masiva de obras y contenidos es el eje de la mesa del martes 23, a la que asisten los editores Pablo Odell, Luis Solano, Enrique Redel, Santos Palazzi y Javier Celaya.
El futuro del libro. Del difícil ejercicio de augurar el futuro del libro y la lectura en la era virtual -del próximo día 23- participan el sociólogo Joaquín Rodríguez, Didac Martínez, Marius Serra y el editor José Pons.
Transformación de los media. El fin de la verticalidad de los medios tradicionales, tras la eclosión de los 'metamedia' es el tema del miércoles 23, sobre el que debaten Juan Varela, Pablo Muñoz, Gumersindo Lafuente y Rafael Tapounet.

Matías Nespolo. La revolucion digital desafia a Gutemberg. [En línea] Fecha de publicación: 18/01/08
http://www.elmundo.es/papel/2008/01/18/catalunya/2308073.html
[Fecha de consulta: 11/05/09]

sábado, 9 de mayo de 2009

¿Libros electrónicos o impresos?

Aunque llevan un tiempo, parece que ahora comienzan a asentarse. Son los libros electrónicos, ¿sustitutos de los impresos o complementarios? Es probable que en un principio surjan dos tipos de lectores diferenciados, pero las características de los "nuevos libros" sugieren que vienen para quedarse.
El libro electrónico surge de la necesidad de aplicar a un formato físico portátil los pdf, textos, novelas o parecidos que guardábamos en nuestros ordenadores. Se podían leer en un MP3 o incluso en el móvil, pero ninguno de estos soportes era el idóneo debido a su reducido tamaño.
La pantalla del libro electrónico no es igual que la de un ordenador, a diferencia de estos, la pantalla de un ebook es de tinta electrónica, menos dañina para la vista que la de un ordenador. Además, la lámina de tinta electrónica permite un ángulo de visión más ancho que el de los monitores de casa y no afecta la luz a su nitidez.
Otra de las características de los libros electrónicos es su bajo consumo. Con él, no necesitamos realizar recargas cada poco tiempo y nos permiten lecturas prolongadas. Los formatos que permiten los libros electrónicos actuales suelen ser el DOC, el PDF y el PDB.

Ventajas

A simple vista, el ebook tiene más ventajas que desventajas. En el electrónico podemos disponer de una biblioteca gigantesca (dependiendo de la capacidad del modelo) de todas aquellas obras que deseemos en una pequeña libreta del tamaño de un A4.
La compra en línea va desde los 4 euros hasta los 25 y en mucho casos se pueden adquirir libros gratuitos de forma legal. Además, es evidente que al ser de bajo consumo y no utilizar papel, su impacto es menor sobre el medio ambiente que los impresos.

Desventajas

El lector de toma la vida será siempre en un principio reacio a la lectura de libros a través de un ebook. Es verdad que en un principio resulta extraño leer durante horas a través de una pantalla similar a la de un ordenador. La distracción aumenta en un libro electrónico porque también se puede acceder a Internet o hacer anotaciones sobre las páginas que leemos. Será cuestión de acostumbrarse.
El precio es el otro gran inconveniente. Hoy los precios oscilan entre los 250 euros hasta los 600 euros, por lo que se hace un poco más difícil el paso a este gadget, al que uno no sabe si finalmente le va a sacar rendimiento.
La última de las desventajas es que su pantalla actualmente es monocromo, no admite el color, y eso es un grave inconveniente si lo que se pretende es reproducir una novela gráfica o cómic por ejemplo.
El futuro de los libros electrónicos acaba de comenzar. El más popular de todos, el Kindle de Amazon ya va por su segunda versión, los hay específicos, libros electrónicos técnicos o incluso de recetas de cocina. Quizá la tecnología OLED (donde el papel electrónico de puede doblar) sea el futuro de la "literatura digital".

Cuelgo un vídeo promocional del primer modelo de Amazon, Kindle.



Gente Digital. ¿Libros electrónicos o impresos? [En línea] Fecha de publicación: 16/04/09
http://www.gentedigital.es/blogs/iblog/10/blog-post/1320/libros-electronicos-o-impresos/
[Fecha de consulta: 9/05/09]

jueves, 7 de mayo de 2009

Leer sin papel

La lectura de textos digitales en pantallas de ordenador, teléfonos y libros electrónicos ofrece ventajas e inconvenientes respecto al modo tradicional. Modificará nuestros hábitos y su avance parece imparable.

Cuando le preguntaron a un especialista cuál sería el futuro del libro contestó: "Si por libros entendéis nuestros innumerables cuadernillos de papel impreso, plegado, cosido, encuadernado bajo una cubierta que anuncia el título de la obra, reconozco francamente que creo que la invención de Gutenberg caerá más o menos próximamente en desuso como intérprete de nuestras producciones intelectuales". Terrible predicción... que fue formulada hace más de un siglo, en 1894. Lo que entonces se suponía que iba a terminar con la lectura en papel era la grabación fonográfica.
Cien años después nunca ha habido más libros, pero ahora se anuncia que lo que va a desplazar al papel es la lectura en pantalla: en ordenador, en teléfonos avanzados o en esos aparatitos llamados lectores de e-books, libros-e o (como acaba de proponer el académico Darío Villanueva) portalibros.

Nadie sabe a ciencia cierta qué nos deparará el futuro, pero de momento el avance de los textos digitales ha provocado una extraordinaria cantidad de reflexiones y estudios sobre la lectura. Y de ellos podemos concluir que leer en papel es una operación muy diferente de la lectura en pantalla: mucho más de lo que podría parecer.
Y es que leer no es sólo acceder con los ojos al texto. Si así fuera, lo más cómodo sería un artefacto por el que fueran desfilando las letras (al modo de los textos que corren en las marquesinas), como en el cuento de Isaac Asimov que transcurre en 2157. Su protagonista recuerda: "Había una época en que los cuentos estaban impresos en papel. Era divertidísimo leer palabras que se quedaban quietas en vez de desplazarse". Es difícil que llegue este libro futuro de palabras móviles porque el lector común no lee letra a letra ni palabra a palabra sino que se administra a bloques, mediante saltos de los ojos, las porciones de texto que va descifrando.

Pero, ¿y la tinta electrónica?, ¿y esos dispositivos (como el Kindle, el Sony o el iLiad) que presentan página a página de quietas palabras, en condiciones casi perfectas de legibilidad? ¿No será lo mismo leer en ellos que leer en un libro o un periódico de papel? Sorprendentemente, no.

Los últimos siglos la lectura ha estado asociada a unos soportes materiales y a una serie de prácticas ligadas a ellos. Lo primero de lo que nos informa la obra en papel es de su tamaño: una novela o un manual de 700 páginas no encierra las mismas promesas que su equivalente de 150. Cuando las páginas que quedan por leer a la derecha del volumen forman un pequeño bloque, sabemos que ese encuentro de los protagonistas ha de ser el último que presenciemos, o que el autor considera que ya sabemos casi todo respecto a la materia que estudiamos.
Pero los artefactos lectores presentan idéntica apariencia para obras enormes o diminutas. Sí: indican de distintas maneras lo que llevamos leído en relación a lo que falta, pero eso nos informa de un modo sorprendentemente pobre sobre nuestra relación con la obra.

Los lectores electrónicos además aplanan el texto, suprimiendo las distinciones tipográficas y espaciales que lo jerarquizan a los ojos del lector. Hay que señalar que aquí radica también una de sus ventajas, porque permiten aumentar el tamaño de la letra para lectores con problemas de visión. Pero en productos textualmente complejos como los periódicos la jerarquización tipográfica es vital. El poeta experimental Kenneth Goldsmith creó la obra Day (2003) reescribiendo en un tamaño de letra uniforme la totalidad del ejemplar de diario The New York Times del 1 de septiembre de 2000, incluidos anuncios y cotizaciones de Bolsa. La resultante fue un tomo de 836 páginas tamaño folio. ¿Un solo ejemplar de un periódico contenía tanto texto como un novelón? Sorprendentemente sí, pero sobre el papel la disposición espacial y los tamaños de letra van diciendo al lector qué importancia y uso tiene cada texto: éste para lectura, éste para hojeo, éste sólo para consulta.

Otra cuestión que rompe con hábitos culturales sólidamente asentados es el hecho de que dentro del e-book convivan muy distintos libros. En la experiencia común, un tomo podía agrupar diferentes obras siempre y cuando tuvieran algo que ver entre sí, como ocurre en una antología o las comunicaciones de un Congreso. Pero mi e-book contiene un par de novelas de Galdós, otra de Neal Stephenson, los manuales del aparato, distintas selecciones de prensa del día, varias traducciones de la Biblia y una extensa convocatoria del BOE.

¿Perdemos algo leyendo en pantalla? William Powers, columnista de la revista estadounidense The Nation, llamaba recientemente al papel "el arma secreta de los periódicos": "La mayor fuerza del papel reside en el hecho de que la mente se asienta en un estado de tranquilidad apaciguada que da lugar a reflexiones más acertadas. Ese estado es mucho más difícil de lograr cuando se lee en formato digital donde la información es infinita y donde existen tantas actividades posibles en cualquier momento".

En efecto: hay estudios que describen a los lectores de páginas web, incluso académicos, como "promiscuos, diversos y volátiles", por su hábito de "picoteo" de páginas, lectura parcial y cambio frecuente de objeto. No es extraño que surjan programas que, como Readability, despejan el contenido de una página web retirando todo lo que rodea al texto central (propuestas de otras lecturas, anuncios, barras de navegación), con el objeto de que el lector se concentre.

El papel, por el contrario, ata al lector a una obra determinada, pero eso no es necesariamente malo. Encerrados en un vagón de ferrocarril con un único libro, se nos plantea el reto de proseguir su lectura, aunque sea compleja, mientras que situados ante una proliferación de obras podríamos saltar a otra, y de ella a otra más, sin nunca terminar ninguna... El papel también hace nuestro lo que leemos, a través de subrayados y anotaciones, operaciones imposibles o muy engorrosas sobre textos digitales.

No es extraño que cambios aparentemente menores en la práctica lectora (como leer en un soporte material o en uno virtual) tengan consecuencias notables. La lectura es una actividad neurológicamente complejísima. Una obra reciente de la psicóloga Maryanne Wolf, Proust y el calamar, nos recuerda que el acto de lectura no es natural: en él confluyen mecanismos cerebrales surgidos evolutivamente con otros fines, y de hecho el aprendizaje de la lectura cambia el cerebro del sujeto que la practica, hasta tal extremo que lo configura de una determinada manera si lee en caracteres alfabéticos (como el español) y de otra si lo hace en ideogramas chinos.

Por otra parte, la especialista Anne Mangen nos recuerda "el papel vital de nuestros cuerpos, incluso en una actividad tan aparentemente intelectual como la lectura": leemos con todo el cuerpo, y sobre todo con las manos y los dedos. Y también sabemos desde el Renacimiento que leemos en el espacio: quien haya preparado una tarea intelectual distribuyendo libros abiertos, obras de consulta y esquemas por la mesa de trabajo sabe lo difícil que es organizar y percibir la multiplicidad dentro de una pantalla. El lector como un homúnculo que se asoma por las ventanas de los ojos a la ventana de la pantalla es una construcción irreal y reduccionista.

Bienvenidos sean los libros electrónicos, que nos permitirán leer documentos larguísimos sin imprimirlos, y buscar palabras en sus páginas. Bienvenida sea también la lectura en la pantalla del ordenador, porque en muchos casos constituirá la única opción para leer obras a las que si no no podríamos acceder. Pero podemos estar seguros de que esta lectura nunca será "lo mismo" que la que habríamos llevado a cabo en papel: podrá ser suficiente para nuestros fines, podrá ser placentera, pero nunca será igual. Y sólo ahora estamos empezando a descubrir de qué maneras.

José Antonio Millán. Leer sin papel. [En línea] Fecha de publicación: 9/04/09
[Fecha de consulta: 7/05/09]

martes, 5 de mayo de 2009

Libro electrónico, todas las claves para entender el libro del futuro

Nuevos Soportes


Empieza a despegar con fuerza y continuará expandiéndose durante los próximos años. Es el libro electrónico, la versión digital de los tradicionales libros impresos adaptada a la vida del siglo XXI. Pero no están hechos de papel. Estos ebooks son archivos informáticos que contienen el texto, generado a partir de un editor (como Word, por ejemplo) o escaneado a partir de las hojas de una novela, obra de teatro o libro divulgativo. Eso permite que podamos guardar cientos de ellos en soportes como un PC o un disco duro.
Pero si no tiene hojas de papel, ¿dónde y cómo se leen los libros electrónicos? La versatilidad de este nuevo formato permite que podamos leerlos en diferentes aparatos. Puede ser un ordenador, un reproductor multimedia de bolsillo o incluso un teléfono móvil. No obstante, la opción más apropiada es sin duda utilizar un lector de libros electrónicos. Y para explicarte en qué consisten esos dispositivos hemos confeccionado esta guía orientativa, donde analizamos qué los hace tan particulares.

La tecnología de tinta electrónica


Un lector de libros electrónicos es algo así como una tableta rígida a tamaño cuartilla, con varios botones (o no) y una pantalla muy especial. Tanto, que ni siquiera es realmente una pantalla. Realmente se trata de una

lámina de tinta electrónica, una tecnología en la que la compañía Xerox comenzó a investigar allá por la década de los 70. Actualmente el principal proveedor es la empresa E Ink.
Una de sus principales ventajas es que resulta mucho menos agotador para la vista que un monitor de ordenador. Algo fundamental si vamos a leer durante un tiempo prolongado. Ello se debe a que la imagen no se está actualizando constantemente, sino que permanece impresionada sobre el papel electrónico. Además, el papel electrónico no se ve afectado por los reflejos del sol y tiene un ángulo de visión más amplio que una pantalla convencional.
Y otra de sus mejores bazas es que el consumo de energía que requieren es muy bajo. De nuevo, es un hecho derivado de que la imagen permanezca fija, en lugar de refrescarse constantemente como en el monitor de un PC. Por tanto, sólo hace uso de la batería cuando actualizamos la pantalla. Es decir, cuando borramos el contenido de una hoja y lo rellenamos con el texto de la siguiente.

Ventajas de los libros electrónicos


Recordemos que los libros electrónicos funcionan a todos los efectos como cualquier otro archivo informático. Eso quiere decir que podemos cargar cientos de ellos a la vez en el lector, sin tener que llevar a cuestas un montón de tomos pesados. Por ejemplo, al ir de viaje puedes llevarte una buena colección de novelas sin que aumente el peso de tu equipaje. Y si al empezar una de ellas te das cuenta de que no te gusta, basta con navegar entre los títulos que hayas incluido y escoger otro de tu agrado.
Por no mencionar que ahorras el trámite de ir a buscarlos a la librería o biblioteca. Puedes descargarlos a través de Internet con un par de clics, y en muchos casos de forma totalmente legal y gratuita. También existen tiendas virtuales que venden sus ediciones a precios asequibles (entre 5 y 20 euros).
Y lógicamente resultan más ecológicos, como ya han corroborado algunos estudios. Su bajo consumo de energía, su bajo nivel de emisiones y el hecho de que no requieran papel impreso hace que su impacto sobre el medioambiente sea menos agresivo. Aunque no hay que olvidar que la fabricación del dispositivo lector sí puede conllevar efectos nocivos, como sucede con cualquier otro aparato electrónico.

Principales inconvenientes



A día de hoy los lectores de libros electrónicos no son tan asequibles como nos gustaría. Ninguno de los principales modelos, entre los que se encuentra el Sony PRS-700 o el famoso Amazon Kindle (que ya va por su segunda versión), baja de los 350 dólares (262 euros) en el mejor de los casos. Lo habitual es que se sitúen en torno a los 300 euros y, en casos como el de iLiad, pueden llegar a costar hasta 600 euros. La posibilidad de leer infinidad de libros de manera gratuita lo compensa en parte. Pero, a pesar de ello, siguen suponiendo un desembolso importante.
También cabría mencionar los estudios realizados por el Centro Nacional para el Estudio de la Lectura en Noruega. Estos informes concluyen que la lectura en dispositivos electrónicos se produce de manera poco consistente y sin prestar la debida atención. En cambio, el libro físico facilitaría la concentración, en parte debido al contacto físico con las hojas, que aportaría cierta seguridad. Pero al mismo tiempo porque el libro impreso sólo tiene una función (la lectura), mientras que a un lector de ebooks lo asociamos inconscientemente con otras actividades debido a su versatilidad (escuchar canciones en MP3 o incluso tomar anotaciones). Y es que muchos modelos permiten acceder a blogs y periódicos online, siendo Internet un medio considerado por los expertos como excesivamente fragmentario para la lectura.

El futuro del libro electrónico


Pese a que lleva varias décadas gestándose, el desarrollo de los lectores de libros electrónicos no ha hecho más que empezar. De hecho, aún queda por aprovechar una de las principales virtudes del papel electrónico: su absoluta flexibilidad. Actualmente todos los modelos llevan una lámina a modo de pantalla en un dispositivo rígido. Pero se estudia la manera de fabricar lectores que puedan plegarse y enrollarse. De este modo podríamos transportarlos en el bolsillo y, al mismo tiempo, disfrutar de una superficie de mayor tamaño para la lectura.
Otra de las barreras que podría superar en el futuro es la del color. La tecnología de tinta electrónica sólo permite impresionar imágenes en monocromo. De momento es más que suficiente para la lectura de un libro convencional. Pero se antoja insuficiente para formatos como el cómic a color o ensayos ilustrados sobre fotografía, por ejemplo. De ahí que los fabricantes se hayan puesto manos a la obra, y que una personalidad influyente como Rupert Murdoch tenga intención de
lanzar un lector a todo color.
Pese a todo, tanto las grandes empresas como las editoriales tradicionales parecen dispuestas a entenderse. Y es que, a pesar de todo, no debe descartarse que tanto el libro tradicional como el ebook puedan convivir en el mercado durante los próximos años.

Borja Gil. Libro electrónico, todas las claves para entender el libro del futuro. [En línea] Fecha de publicación: 15/04/09
http://www.tusequipos.com/2009/04/15/libro-electronico-todas-las-claves-para-entender-el-libro-del-futuro/
[Fecha de consulta: 5/05/09]